martes, 30 de junio de 2009

ANALISIS NACIONAL

El resultado ideal para la búsqueda de consensos

La Argentina asoma, después de las elecciones del domingo, a un nuevo escenario político. El Gobierno, que jugó a fondo y convirtió las elecciones legislativas de medio término en un virtual plebiscito del modelo K, recibió una dura paliza en las urnas y hasta el propio Néstor Kirchner terminó derrotado por Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires, el distrito al que había apostado todo su capital político. Fue un golpe electoral que pone límites a la supervivencia política del proyecto oficialista más allá de 2011 a la vez que obliga a la gestión de Cristina Fernández al desafío de adaptarse a un panorama de mayor debilidad y a la pérdida de su hegemonía parlamentaria.
El resultado electoral también sirvió para establecer ciertas certezas sobre las alternativas posibles en la pelea por la sucesión presidencial y pareció liquidar los sueños de aquellos que no lograron renovar el crédito de las urnas. Con su victoria en el territorio bonaerense, De Narváez logró colar su nombre en la lista en la que también se consolidaron las figuras de Julio Cobos, Mauricio Macri, Carlos Reutemann y Hermes Binner. La derrota, en cambio, dejó con poco aire a Daniel Scioli para emerger como el sucesor natural del proyecto kirchnerista, mientras Elisa Carrió sufrió una dura caída a manos de “Pino” Solanas en la Capital Federal, con lo que puso en duda su liderazgo dentro del Acuerdo Cívico y Social, un espacio que también aspira conducir el actual vicepresidente.
El Gobierno perdió los comicios en los principales distritos del país y a nivel nacional cosechó alrededor de 700 mil votos menos que los conseguidos por Cristina en la elección de 2007.
Con la derrota, el kirchnerismo perdió la mayoría que ostentaba en el Congreso y de ahora en más estará forzado a negociar con otras fuerzas la aprobación de sus iniciativas.
El resultado de los comicios fue un golpe inesperado para el ex presidente, que recién después de las 2 de la madrugada reconoció públicamente su derrota. El gesto no oculta que la gestión de Cristina enfrentará un escenario de mayor fragilidad, donde será clave la capacidad del oficialismo para la autocrítica y evitar posiciones que puedan herir la estabilidad del Gobierno. Hasta el cierre de esta edición faltó esa autocrítica y en la intimidad sobraron los reproches y la furia del ex presidente con algunos ministros e intendentes.

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